El artificio de la escritura / The artifice of writing


miércoles, 12 de septiembre de 2007

Escribir a solas

Uno puede suponer que la escritura fue en un comienzo un sistema funcional y práctico, al estilo de los quipus andinos, que debió resultar de un prolongado proceso de desarrollo de un método nemotécnico que le hiciera posible a algunos individuos mantener un recuerdo fiable de datos de fundamental importancia para mantener un control sobre el grupo. Que debió ser primero un sistema de contabilidad e inventario para uso de funcionarios a cargos del erario público parece lo más probable. De contar unidades palpables --cabezas de ganado y número de esclavos, brazadas de trigo y almudes de dátiles— a contar sucesivos reyes y dinastías no habrá habido un salto demasiado grande, ni habría tampoco mucho que cambiar en el sistema para contar de los reyes sus batallas. Asegurada así la memoria en el cómputo de la estela o el muro, no tardaría en añadirse a lo contado la fantasía de los orígenes de tanto número memorable. Y al simple enumerar debió añadirse poco a poco el dato descriptivo y el relato explicatorio que la oralidad había mantenido aparentemente intactos. La escritura, entonces, fijó la memoria y sacralizó el mito en el texto religioso. Misteriosa habrá sido para los hablantes la capacidad del signo escrito para encerrar en él la voz divina y su no menos misteriosa palabra. A milenios de esa primera admiración ante el misterio de la palabra escrita, mantenemos todavía una actitud de sorprendido respeto y veneración por la magia del lenguaje y sus textos y por su inextinguible reinvención cada vez que lo usamos. Porque nunca se lo usa en vano; por indiferente o descuidada que parezca la actitud de quienes leen y escuchan, hablan o escriben, su apropiación del lenguaje lleva una sincera, si escondida, ilusión de entender y que los entiendan. Tal vez por eso lastime tanto al espíritu el espectáculo espectral de quien habla a solas. ¿Estaremos escribiendo a solas la infinidad de los que, motivados por la disponibilidad de la red, mantenemos un blog?

2 comentarios:

Eduardo Valenzuela dijo...

No lo creo, ya que si tenemos en cuenta los millones de "internautas" que pupulamos en la red, muchos seremos los que, también en silencio, disfrutemos de amenas escrituras como la suya. Lo que pasa es que no todos nos tomamos el tiempo de escribir un comentario. Quizás sea por modestia, vagancia, o mantener un hermetismo cómplice sobre lo leído. Después de todo... ¿por qué romper el encanto de soñar que alguien nos está leyendo?

Anónimo dijo...

Santiago siempre es un gusto leer lo que escribes y en efecto no siempre da tiempo de hacer un comentario que valga la pena. Pero es un placer escuchar lo que tienes que decir.

Minerva