El artificio de la escritura / The artifice of writing


jueves, 29 de septiembre de 2022

Fotoviator


Fotografiar obliga a detenerse, a estar quieto, aunque sea por los pocos segundos necesarios para enmarcar, enfocar y tomar la foto que la observación--el momento y el lugar--sugiere. 

Por instantánea que la foto sea, crear la imagen requiere la demora. Se ha de suspender el tiempo para hacer del momento una visión permanente. 

Para quien va en auto son prácticamente imposibles estas paradas que las carreteras por lo general prohíben; para quien camina la dificultad estaría en no avanzar gran cosa. Al auténtico fotógrafo no le importa, sin embargo, cumplir millas.

Caminar, de por sí una actividad entretenida y gustosa, se vuelve doblemente dichosa si se lleva una cámara y la ilusión de conseguir una imagen perdurable, incluso imperecedera. Buen ejercicio éste de caminar y tomar fotografías. Mantiene el cuerpo en buena forma y aguza la vista. De cada paso hace el fotógrafo un motivo de selección y enmarque. 

La mirada del fotógrafo que camina le hace disminuir el paso, detenerse, volver atrás, tomar un desvío, aventurarse en lo no hollado. Se reduce con esto la efectividad del ejercicio aeróbico que demanda caminar con paso largo y pronto; pero se enriquece la experiencia vital del goce del camino, sea natural o urbano. 

No goza de las virtudes de fotografiar mucha de la fotografía turística,  tomada, por lo general, a la carrera, sin auténtico goce estético. No es más que un adocenado documento para el recuerdo y la vanagloria.

martes, 30 de agosto de 2022

Una queja más sobre el mentado bloqueo de la escritura. Y un consuelo (Sólo para escritores)

Llevo no sé cuánto tiempo lelo frente al computador, que me mira fijo con su ojo luminoso de cíclope inquisitivo. El teclado es un borroso cuadriculado de símbolos indescifrables. 

El papel en blanco, con todo lo que aflige, no perturba tanto como la pantalla y su cursor intermitente. El trazo de la pluma sobre lo vacío de la 'tabula rasa' es menos fantasmagórico que el palpitar electrónico de la pantalla.

En ambos casos--página en blanco, pantalla encendida--impone el silencio su bloqueo desafiante.

Por suerte, o por arte de algunos dioses propicios, siempre acaba por suceder lo que se teme no habrá de suceder nunca: las palabras comienzan a aparecer en la pantalla, como persiguiéndose unas a otras. En un dos por tres son un raudal que se derrama en líneas, párrafos y páginas: flujo melodioso de unas aguas de profundos pozos desbordantes.

domingo, 24 de julio de 2022

Don Baruj habla de las palabras

--No me hagan caso--nos dice don Baruj. 

Acababa de hacer un comentario que nos dejó perplejos.

--Quienes les damos demasiada importancia a las palabras nos dejamos engañar por lo bien que suenan y solemos decir sonoras estupideces. 

Razón tendrá.

--No hay que dejarse engañar por los arrebatos de la poesía--concluye con otro de sus comentarios para perplejos.

Después de todo, habrá que hacerle caso a lo que dice.